Thursday, April 20, 2006

EL DESAFIO DE LAS EDICIONES EXTRA - I

Frente a dos claros desafíos, como son la inmediatez de los medios electrónicos y el riesgo de errores insalvables por la premura, la posibilidad de una edición extra para el periódico, si el horario lo permite, queda en entredicho.
Al menos en los últimos años, unos pocos temas merecieron que los grandes medios encararan ese desafío: los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron paradigmáticos[1].
En toda América, los husos horarios posibilitaron poner en la calle ediciones meridianas: cuando se produjo el ataque a las Torres Gemelas, poco después de las 8 de la mañana en Nueva York, en la Argentina era la misma hora; las bombas en Atocha estallaron cuando en este lado del mundo ni siquiera había amanecido. Sin embargo, en Argentina ambos fenómenos no se reprodujeron igual. El primero disparó las extras; el segundo, no, lo cual, obviamente, sí ocurrió en España.
¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de los periódicos para aceptar ese reto?
En la primera columna, deberán anotarse al menos dos:
· Desde los lectores, el impacto; es decir, lo inesperado de la noticia y la capacidad para sacudir la monotonía y despertar el interés.
· Desde el propio medio, la necesidad de “estar”, de hacer sentir al público que “su” diario lo acompaña.
En el segundo rubro, habrá que registrar:
· La desactualización de la noticia, frente a la dinámica de los medios instantáneos.
· El riesgo de informar a medias (o, lo que es peor, mal[2]) porque, en los momentos de crisis, la espiral informativa gira a un ritmo tan veloz que el momento de cierre congela una realidad cambiante. Al mismo tiempo, se restan recursos para la edición normal, del día siguiente.Luego de analizar lo que ocurrió en España

[1] La muerte del papa Juan Pablo II ocurrió el 2 de abril de 2005, en un día sábado. Eran las 21:37, hora de Italia, pero, pese a las cinco horas menos en la Argentina, se tornó desaconsejable lanzar ediciones extras a la calle. En cambio, los medios se concentraron en sus ediciones dominicales, las que, en su mayoría, contuvieron suplementos especiales preparados de antemano.
[2] El ejemplo del diario madrileño El País, citado antes, es ineludible: atribuyó los atentados de Atocha a la banda terrorista ETA a instancias del entonces jefe del Gobierno, José María Aznar. Luego se probó que había sido una célula de Al Qaeda.

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